DHA en sangre y menos placas beta amiloide para un cerebro que envejece mejor

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Un estudio en Journal of Alzheimer’s disease JAD publicado en 2025 analizó a casi cien adultos mayores japoneses sanos y observó que quienes tenían niveles más altos de ácido docosahexaenoico, conocido como DHA, en sangre presentaban menos depósito de proteína beta amiloide en el cerebro, un rasgo característico de la enfermedad de Alzheimer. El trabajo fue observacional y se realizó en personas de 75 a 89 años con buena función cognitiva, seguidas durante varios años.

Para estas personas mayores, el hallazgo sugiere que mantener niveles adecuados y estables de DHA en el tiempo se asocia con menos carga de placas beta amiloide en el cerebro. Esto no implica una protección absoluta, pero sí apunta a un posible margen de maniobra a través de la nutrición y el estilo de vida. Para cualquier adulto que mira al futuro de su salud cerebral, la idea central es clara, lo que hacemos hoy con nuestra alimentación puede influir en cómo envejece el cerebro mañana.

Un estudio observacional que conecta DHA en sangre con menos beta amiloide cerebral

El trabajo se realizó dentro del Suita Study, un gran estudio poblacional en Japón. Los investigadores seleccionaron a 97 adultos de entre 75 y 89 años, todos con rendimiento cognitivo normal en el momento de la evaluación cerebral. Midieron los niveles de DHA y de otro omega 3, el ácido eicosapentaenoico o EPA, en sangre entre 2008 y 2012 y, años después, entre 2016 y 2019, evaluaron la carga de beta amiloide en el cerebro mediante tomografía por emisión de positrones, una técnica de imagen avanzada.

Los resultados mostraron que, en el grupo de personas con presencia de beta amiloide, quienes tenían niveles más altos de DHA en sangre presentaban menos acumulación de esta proteína en el cerebro. La asociación se mantuvo al ajustar por edad, sexo y una variante genética de riesgo, APOE4, aunque perdió fuerza al considerar también la presencia de enfermedades cardiometabólicas. EPA, en cambio, no mostró una relación clara con el depósito de beta amiloide.

Se trata de una asociación moderada, no de un efecto drástico, y el diseño observacional no permite afirmar causalidad. Sin embargo, el hecho de que los niveles de DHA se midieran varios años antes de las imágenes cerebrales refuerza la idea de que un estado nutricional rico en este omega 3, mantenido en el tiempo, podría influir en la fisiología del cerebro que envejece.

DHA como componente estructural del cerebro y modulador de la beta amiloide

El DHA es un ácido graso omega 3 de cadena larga que se concentra especialmente en las membranas de las neuronas y en las sinapsis, las zonas donde se comunican las células nerviosas. Estas membranas no son estructuras rígidas, su fluidez y organización influyen en cómo se agrupan proteínas clave, entre ellas la proteína precursora de la beta amiloide. Cambios en la composición de grasas de la membrana pueden favorecer que se formen más o menos fragmentos de beta amiloide y que estos se acumulen o se eliminen con mayor eficacia.

Además, el DHA participa en la formación de moléculas llamadas resolvinas y protectinas, que ayudan a apagar procesos inflamatorios y a mantener un entorno cerebral más estable. La inflamación crónica de bajo grado se relaciona con un mayor depósito de beta amiloide y con una menor capacidad de limpieza del cerebro. Por eso, un nivel adecuado de DHA en las membranas neuronales puede favorecer un equilibrio en el que se produzca menos beta amiloide tóxica y se elimine mejor la que se genera.

En el estudio, los niveles de DHA en sangre funcionaron como una especie de huella de la exposición prolongada a este nutriente. Las personas con valores más altos parecían tener un cerebro con menos carga de beta amiloide en las imágenes. Esto sugiere que, a lo largo de los años, una dieta rica en fuentes de DHA, como el pescado azul, podría contribuir a un entorno cerebral menos propenso a acumular estas proteínas.

Hábitos diarios que apoyan niveles saludables de DHA y salud cerebral

La población japonesa estudiada se caracteriza por un consumo elevado de pescado, lo que facilita alcanzar niveles altos de omega 3 en sangre. En contextos donde el consumo de pescado es menor, cuidar la frecuencia y la calidad de las fuentes marinas se vuelve aún más importante. Incluir pescado azul pequeño, como sardina, caballa o boquerón, dos o tres veces por semana aporta DHA y EPA de forma natural y ayuda a mantener un perfil de grasas más favorable para el cerebro.

Otros hábitos también influyen. Mantener un buen control de factores cardiometabólicos, como la presión arterial, la glucosa y los lípidos en sangre, se relaciona con una mejor salud de los vasos cerebrales y con una menor inflamación de bajo grado. El estudio observó que la presencia de enfermedad cardiometabólica matizaba la fuerza de la asociación entre DHA y beta amiloide, lo que refuerza la idea de que el omega 3 actúa dentro de un contexto global de salud vascular.

El movimiento regular, el descanso suficiente y una alimentación rica en vegetales, legumbres y frutos secos completan este enfoque. No se trata de un único nutriente milagroso, sino de un entorno metabólico que favorece que el cerebro envejezca de forma más ordenada. En ese entorno, el DHA ocupa un lugar destacado como componente estructural y modulador de procesos inflamatorios y de depósito de proteínas.

Complementos de DHA y fosfatidilserina como apoyo fisiológico a la salud cerebral

En la práctica, no todas las personas consiguen mantener un consumo regular de pescado azul de buena calidad. En estos casos, algunas optan por complementos que aportan DHA en formas concentradas y combinadas con otros nutrientes que también forman parte de la estructura y la comunicación de las neuronas, como la fosfatidilserina. La idea es ofrecer al organismo los mismos componentes que utiliza de forma natural para construir y mantener las membranas celulares del cerebro.

La fosfatidilserina es un fosfolípido presente de forma abundante en la cara interna de las membranas neuronales. Participa en la señalización entre neuronas y en procesos de renovación celular, y su presencia adecuada favorece una comunicación más eficiente. Cuando se combina DHA procedente de aceite de pescado con fosfatidilserina en un mismo complemento, se aporta una matriz de grasas estructurales que el organismo reconoce y utiliza en la construcción y mantenimiento de las membranas cerebrales.

Este tipo de formulaciones busca respetar la fisiología, no forzarla. Se dirigen sobre todo a adultos que ya cuidan su alimentación, su actividad física y su descanso, y que desean un apoyo adicional centrado en la estructura y el metabolismo del cerebro. El estudio japonés no evaluó complementos, pero sí refuerza la importancia de mantener niveles sostenidos de DHA en sangre, algo que puede lograrse con una combinación de dieta rica en pescado y, cuando tiene sentido, con la ayuda de complementos bien diseñados.

DHA-PS – omega-3 y fosfatidilserina para cerebro y ojos

Complemento de aceite de pescado rico en DHA combinado con fosfatidilserina, pensado para adultos que desean apoyar la estructura y el metabolismo natural de su cerebro dentro de un estilo de vida saludable.

En resumen, cuidar el DHA a largo plazo es una inversión en el envejecimiento cerebral

El estudio japonés sugiere que, en adultos mayores sanos, niveles más altos de DHA en sangre se asocian con menos depósito de beta amiloide en el cerebro. No prueba una relación causal ni garantiza protección completa, pero encaja con décadas de investigación que sitúan a los omega 3 marinos como piezas clave en la estructura y el equilibrio del sistema nervioso.

Para la vida diaria, el mensaje es sencillo, una alimentación que incluya pescado azul con regularidad, un buen control de los factores cardiometabólicos y, cuando procede, el uso responsable de complementos ricos en DHA y fosfatidilserina, puede formar parte de una estrategia razonable para acompañar al cerebro en el proceso de envejecimiento. Este contenido es informativo y no sustituye el consejo de un profesional sanitario.

Preguntas frecuentes

¿Qué significa que haya una asociación inversa entre DHA y beta amiloide?

Significa que, en este estudio, las personas con niveles más altos de DHA en sangre mostraron menos depósito de proteína beta amiloide en el cerebro. No implica una protección absoluta, pero sugiere que el estado nutricional en omega 3 puede influir en cómo se acumulan estas proteínas con la edad.

¿Este estudio demuestra que el DHA evita la enfermedad de Alzheimer?

No, el estudio es observacional y se realizó en adultos mayores con función cognitiva normal. Muestra una relación entre niveles de DHA y carga de beta amiloide, pero no puede demostrar que el DHA por sí solo evite la enfermedad. Indica un posible papel de apoyo dentro de un conjunto de factores de estilo de vida.

¿Qué diferencia hay entre DHA y EPA en la salud cerebral?

Ambos son omega 3 marinos, pero el DHA se concentra especialmente en las membranas de las neuronas y en las sinapsis. En este estudio, solo el DHA se asoció con menos depósito de beta amiloide, mientras que el EPA no mostró una relación clara. Por eso, cuando se piensa en salud cerebral, el DHA suele ocupar un lugar central.

¿Basta con comer pescado para cuidar los niveles de DHA?

En muchas personas, un consumo regular de pescado azul pequeño dos o tres veces por semana puede aportar cantidades relevantes de DHA. Sin embargo, factores como preferencias alimentarias, disponibilidad de pescado o necesidades individuales pueden hacer que algunas personas consideren complementos ricos en DHA como apoyo adicional.

¿Cómo encajan los complementos de DHA y fosfatidilserina en una rutina saludable?

Encajan como una herramienta más dentro de un enfoque global que incluye alimentación equilibrada, actividad física y cuidado de la salud vascular. Aportan componentes estructurales del cerebro, como DHA y fosfatidilserina, en formas concentradas, y están pensados para adultos que desean apoyar la fisiología cerebral a largo plazo, no como soluciones aisladas.

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